La felicidad un aliado de la productividad

La felicidad de los trabajadores debería ser una prioridad en la agenda de los empresarios, pues la gente feliz es mucho más productiva, tiene mayor capacidad para cooperar con los demás, se recupera rápidamente de los problemas y se entusiasma ante los cambios. Pero la realidad es otra, y las investigaciones demuestran que cada vez hay más personas sufriendo a causa del estrés laboral, incluso con problemas familiares derivados de ese estrés. La raíz, es la sensación, o el hecho, de trabajar demasiado.

¿Cómo hacemos entonces para que eso de “trabajar demasiado” cambie, y existan horas libres para hacer otras cosas? Hace unos días, en la reunión de planeamiento de los objetivos para el 2018, surgió una pregunta similar - ¿cómo vamos a lograr tener tiempo para pensar, si todos andamos “full”?-. Queremos hacer más con menos y para eso necesitamos tiempo para pensar. Esta es una tendencia global para la mayoría de empresas, y una realidad en Statkraft también.

Creo que hay bastante por hacer, pero como muchas de las cosas obvias, no nos damos cuenta. Estoy segura que existen más ideas de las que dejaré por aquí, pero irónicamente no nos damos ese tiempo para pensar y encontrarlas.

Quiero empezar con el multitasking, interpretado erróneamente, como la habilidad de hacer varias cosas a la vez, pero ser “multitarea” es saber hacer varias cosas, no hacerlas todas a la vez. ¿Cuántas veces nos pasa que escribimos un correo, intentamos seguir la conversación de alguien y mandamos mensajes por Whatsapp, todo a la vez?  Cuando lo hacemos, el cerebro se sobrecarga y se cansa mucho más, disminuyendo la capacidad de filtrar la información importante, y haciéndonos cometer más errores. Por eso, hacer una sola cosa a la vez, siendo hábiles para priorizar y planificar, es una habilidad que necesitamos desarrollar. Nos hemos dejado llevar por la cantidad de estímulos a nuestro alrededor, y la creencia equivocada de que se puede hacer todo a la vez para ganar tiempo, cuando en realidad sucede todo lo contrario.

Otro enemigo de la productividad son las constantes interrupciones en el trabajo, aunque no hay tanta consciencia sobre ello, aún. Recuerdo que incluso en los manuales que usaba para entrevistar hace algunos años, estaba la pregunta ¿qué haces cuando te interrumpen frecuentemente? Y la respuesta “correcta” era - no me molestan las interrupciones, atiendo a la persona y sigo trabajando -. Por supuesto, no se trata de poner mala cara o gritar a quien nos interrumpe. Se trata de empezar por uno mismo y no interrumpir a los demás, de buscar lugares propicios para el trabajo que requiere concentración (salas cerradas, la casa, algún café, etc.) para evitar los cortes de “inspiración”. Nos cuesta el doble de energía volver a conectar con el trabajo que se está haciendo, luego de sufrir una interrupción. Y para esto, a veces es mejor no estar en la oficina, y buscar ese ambiente para crear. Pero, ¿estamos dispuestos? ¿O aún se percibe que es mejor trabajador el que está más horas en su sitio?

Tal vez podría funcionar acostumbrarnos a usar las mañanas para concentrarnos y la tarde para coordinar, y así vivir una cultura más ordenada. Las interrupciones (ya sean por nuestros propios pensamientos, mensajes de Whatsapp o Facebook) se pueden identificar y manejar si así lo queremos. Tener el celular en silencio y quitarle los avisos, es una opción. O hacer una lista de todas las interrupciones un día, como jugando, para luego buscar una solución, analizando en qué momentos tenemos más crisis de interrupciones o, qué áreas y personas nos buscan con más frecuencia. Cuando se trata de otras personas que nos piden atención, se complica. Por eso creo que debemos empezar dando el ejemplo y ser nosotros mismos quienes evitemos interrumpir a otros, porque honestamente, casi todos lo hacemos.

Algo propio de la cultura latinoamericana es la interacción social, que a su vez permite más interrupciones espontáneas, que en otras culturas. Cuando algunos noruegos vienen a Lima se sorprenden de cómo trabajamos acá, conversando y acercándonos a las personas sin “sacar cita”, pues ellos trabajan en silencio, y casi nunca se acercan al sitio de alguien si no han establecido antes una reunión. ¡Ellos son el otro extremo!

Viendo las cosas desde el lado positivo, las pausas e intervalos de descanso voluntarias, sí debemos planificarlas y fomentarlas. Es un tema que pronto ganará más popularidad pero que ha existido desde siempre. Por algún motivo, el hombre ha establecido como costumbre que “hacer nada” está mal, y que eres mejor si es que estás siempre ocupado, porque en teoría, “estás trabajando”. El cerebro está diseñado para funcionar con intervalos de descanso, y esto ha sido probado científicamente. Las pausas voluntarias son saludables, las interrupciones, no. La línea entre una y otra es delgadita.

Otra de las claves para manejar el tiempo efectivamente tiene que ver con las reuniones. Por ejemplo, si eres quien organiza la reunión, debes pensar y definir bien el objetivo en el subject, tener una agenda y un orden, e invitar sin duplicar recursos, solamente a las personas que realmente necesitan participar. Y si eres un participante, y no estás seguro de por qué te han invitado, debes preguntar y pedir la agenda, validar que realmente seremos útiles ahí. Hay muchos temas que no requieren reuniones y se resuelven con una coordinación.

Finalmente, creo que el teletrabajo es una opción subutilizada para que la gente le gane tiempo al tiempo. Pues trabajar desde casa  ahorra tiempo de desplazamiento (que en Lima es entre 1 y 4 horas diarias) y esas horas pueden usarse para hacer deporte, leer, estar con la familia o simplemente dormir. Y si eres muy workholico, para trabajar más (evidentemente si hay un lugar tranquilo en tu casa, si no puede pasar todo lo contrario y perder más concentración). Aún hay muchos jefes que creen que no se trabaja igual desde la casa, porque no confían, o les resulta difícil supervisar el trabajo. Para estar seguros de que el home office funciona, necesitamos dos cosas: confianza en la gente y claridad en los objetivos. Cuando confiamos en nuestros trabajadores, y ellos nos demuestran (con hechos) siempre que son confiables, es fácil dar flexibilidad, pues sabes que van a cumplir. Estoy convencida que cuando confías en las personas recibes más, y no necesitas pedirlo, claro, esto es si tienes el equipo correcto.

En conclusión, necesitamos que la gente sienta que trabaja menos y produce más, es un reto para este año, es un reto para vivir más felices. Y para esto lo que debe cambiar, no es cuánto trabajamos, sino cómo, dónde y cuándo. Al tener esta sensación o esta realidad, de alguna manera, estamos aportando a la cuota de felicidad de nuestra propia vida, y la de nuestros equipos. Hacer más con menos, es un mensaje que está llegando por todos lados, no solamente por la necesidad de equilibrio en el día a día, sino porque mundialmente las empresas enfrentan el desafío de seguir creciendo en un contexto difícil.

Elaborado por: Roxana Eyzaguirre, Jefe de Recursos Humanos y Administración de servicios